Conoced la verdad y ella os hará libre

¿Donde está la verdadera vida?

18.07.2014 09:23

Algunas cosas de pequeño siempre las he tenido muy claras, como esta enseñanza espiritual tan hermosa de Jesús. Léanla atentamente: "No os inquietéis por el cuerpo,  antes bien, cuidad al espíritu; id a enseñar el reino de Dios, id a decir a los hombres que su patria no está en la Tierra, sino en el Cielo, en donde se encuentra la verdadera vida".

La muerte era un atractivo constante cuando era niño, y no porque me quisiera morir, sino porque algo me decía que la verdadera vida comenzaba cuando uno moría. De seguro era mi espíritu que quería volver pronto a la fuente. Pronto cambiaría de opinión al recordar que tenía una misión que cumplir en esta vida y que en eso estamos.

Para el espíritu venir al mundo y estar unido a la materia, nuestro cuerpo,  me imagino es como "morir". Los años de vida deben ser una prisión para el. No obstante,  la muerte del cuerpo es su liberación,  su renacer, su vuelta a la alegría.

El respeto que se tiene entonces por nuestros fallecidos a los cuales amamos en vida no es por la materia inerte que está en el cementerio, sino por el recuerdo del paso de su espíritu, ahora ausente, por este mundo. Reacuérdenlos, porque al hacerlo “ellos” los perciben, y de vez en cuando vayan al cementerio a honrar a lo que fue su vehículo terrenal, me refiero a su cuerpo.

Es entonces la vida espiritual, como lo dice Jesús,  la verdadera vida. La vida terrenal es transitoria pero no menos importante. Es aquí donde el espíritu tiene que  fortalecerse y evolucionar pasando por las pruebas que el mismo escogió antes de venir al mundo. “Sin oposición no hay progreso”, me dijo un maestro alguna vez. Expiación, trabajo, sufrimiento, penas, tentaciones, pero también alegrías, compasión,  caridad, amigos, amor, etc. Con muchas cosas nos encontraremos en esta pasada por el planeta. Muchas tareas que cumplir, y por lo demás, no menores. Así que ha no desalentarse, a orar y dar gracias al creador, a ser buena persona, a utilizar bien el libre albedrío,  a no ser prejuicioso, a luchar por el bien común  y a alimentar de amor a ese espíritu de ustedes que debe estar gozoso en estos momentos de que estés leyendo estas letras.

Que la paz sea con todos ustedes.

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