Conoced la verdad y ella os hará libre

La mujer enferma

09.04.2014 22:08

Una de las formas en que los espíritus nos hablan es por medio de nuestros sueños. Es algo que aprendí en base a mi propia experiencia.

Cuando ellos nos quieren comunicar algo, o cuando quieren que hagamos algo, o cuando simplemente anhelan entablar algún tipo de comunicación, Dios autoriza al espíritu a contactarse con nosotros. Deben respeto y obediencia a Dios y no lo puede hacer cuando ellos gusten. A veces les es permitido contactarnos para informarnos de pruebas que tendremos que afrontar, o las pruebas de las personas que nos rodean. Estos sucesos pueden ser buenos o malos. La idea es que de alguna manera Dios quiere que salgamos airosos de estas pruebas. No obstante, Dios lo sabe todo, inclusive cual será el resultado de la prueba, pero siempre está nuestra posibilidad de alterar este resultado, para bien o para mal, dado que  tenemos la libertad de elección.

Recuerdo claramente un suceso que me aconteció a los 23 años cuando me fui a vivir a la casa contigua donde residían mis padres. En esa época vivía solo, formé mi familia muy joven, y dado que no tenía casa propia arrendaba propiedades. Un dato entregado por mi madre respecto de que sus vecinos arrendaban su casa despertó mi interés y me fui a vivir allá. Hice el trato con el dueño, un militar retirado, donde el puso solo una regla y que yo acepté sin problema alguno. Esta fue que en un sector de la propiedad había un cuarto el cual quedaría con llave. Me expresó que este cuarto tenía cosas de el y que las mantendría ahí por un tiempo.

Ya viviendo en la casa, todo marchó bien la primera semana hasta que una noche comencé a tener sueños recurrentes con una mujer, adulta, más bien de la tercera edad, la cual en el sueño me pedía ayuda. Su aspecto era famélico. La veía postrada en una cama, sufriente. El entorno de la habitación de este sueño me era familiar. Al tiempo de tener el sueño reconocería que aquella  habitación que veía, correspondía al dormitorio donde yo dormía, solo que lo veía distinto producto del amoblado y decoración propio de la mujer del sueño.

De mas está decir que este sueño me perturbaba, me asfixiaba, ya que, no podía hacer nada por la mujer que me acosaba con mucha insistencia. Cabe recordar que en ese tiempo no tenía mucho entendimiento de los sucesos paranormales que me acontecían, donde muchos de ellos me causaban algo de pánico. He tenido que aprender a dominar ese miedo.

Prosiguiendo, tanto dolor tenía esta mujer, quería que la ayudarán, ella estaba enferma, muy enferma. Nada podía yo hacer, el miedo y la situación me paralizaban.

Bueno, de un día para otro los sueños cesaron, pero para dar paso a otra etapa: Las manifestaciones. Comenzaron a pasar cosas muy extrañas en la casa y que no tenían explicación alguna. Pérdida de objetos, olores extraños, ruidos nocturnos, accidentes menores, etc. Muchas cosas comenzaron a pasar en aquella casa. Paralelo a esto, mi madre que era mi vecina, escuchaba atentamente el relato de mi acontecer en aquella casa, pero al parecer el hecho de que su hijo querido viviera cerca de ella era mas fuerte. Mi madre manejaba información privilegiada y que me la contaría luego de ver que mis problemas, angustiantes por lo demás, iban en aumento.

Primero los sueños, luego las manifestaciones y por último vinieron los susurros y las tocaciones corporales. Efectivamente, a plena luz o en las noches, sentía que me daban unos pequeños golpes, o toques, en la espalda, a veces en las piernas. Eran como roces, que me tomaban por sorpresa y que me tenían en un estrés permanente en esa casa. Lo que no comprendía en ese momento era que, llamémoslo por su nombre, ese espíritu quería llamar mi atención a toda costa y se desgastaba para conseguirlo.

Mi madre al escuchar estos últimos acontecimientos se sincero conmigo y me contó la siguiente historia. En la casa que arrendé, anterior a mi, vivía una amiga de mi mamá, y que a su vez era la hermana de la original dueña de la propiedad que había muerto producto de una larga enfermedad que la tenía postrada en una cama, posiblemente sufriendo mucho, ya que, la enfermedad que fue un cáncer, acabó con su existencia física. El deceso ocurrió en la casa que yo vivía, específicamente en el dormitorio que yo dormía. El ex militar que me arrendó la propiedad, era el esposo de aquella mujer y mantenía todas sus pertenencias (ropas, joyas, vajilla, etc.) en el cuarto cerrado del cual les hablé al inicio del relato.

Bueno, me recuerdo de esta mujer, que al parecer no estaba descansando en paz, debido a que si esta experiencia me hubiera pasado ahora en tiempo presente la podría haber ayudado de mejor manera, preguntándole que quería de mi, o informándole que ya no estaba en el plano físico, que había dejado su envoltorio y que tenía que ir allá donde el dolor ya no existe, que su prueba había finalizado y que debía seguir su avance, su camino a Dios, con los otros espíritus. Me recuerdo de ella con afecto y le deseo este rodeada de mucho amor y paz.

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